jueves, 27 de abril de 2017

+money -Capítulo 9


Capítulo 9



Adele y Bill salieron de la bonita casa residencial, la encantadora mujer, delgada y de cabello ya casi gris en su totalidad, caminaba derecha igual que su marido pero se notaba nerviosa.

—Bill ¿estás seguro de esto? – preguntó la mujer— esto... ¿no es inmiscuirse demasiado?— preguntó.

—¿Qué quieres que te diga mujer? Ese muchacho me pidió un favor y la verdad yo no supe qué más decirle.

—Claro, qué mejor solución que lanzar a tu hermosa esposa por delante— le reclamó con un bufido y después se alisó la blusa por décima vez— ¿Cómo me veo?— consultó por también décima vez.

—Tu blusa está perfecta, mujer. Ya tranquilízate, solo vas a comer pastel— la regañó aunque se removía incómodo sobre sus pies. Aún estaba hablando cuando el auto de Theo se estacionó frente a ellos y el joven chófer de éste salió para abrirles la puerta— Esto es de lo más extraño— murmuró Bill, normalmente era él quien abría puertas.


Bill dejó que su esposa entrara primero después de que el jovenzuelo se presentara como Arturo y les anunciara que estaba ahí por ellos, pese a que Bill lo reconocía como el conductor de Theo y también al auto. Viajaron en silencio por casi cuarenta minutos a través del tráfico hasta una bonita pastelería en el centro de la ciudad.

—Vaya— exclamó la mujer nada más bajar al notar la adorable pastelería, aquel lugar era una explosión de hadas, flores, princesas y dulces, como un cuento de hadas sobre chocolate— Qué... adorable— el sitio estaba lleno de mujeres jóvenes y parejas. Era una de esas pastelerías con área de comedor, una especie de adorable cafetería incluida. En el fondo, estaba Theo sentado con una preciosa y joven mujer, de cabello rubio, muy claro, piel blanca, mejillas rojas y unos enormes ojos negros. Tenía una adorable cara de duendecillo, con la nariz respingona y una boca pequeña.


Theo se levantó al verlos entrar y se acercó con una enorme sonrisa.

—Los esperaba— tomó la mano de Adele— Usted debe ser la esposa de Bill, un placer conocerla, gracias por los panecillos de la última vez, estaban delicioso— y dejó un beso en sus nudillos.

La mujer se llevó una mano a la mejilla sonriendo y vio de reojo a su marido. Así que el muy cobarde no había tenido el valor de decirle a aquel joven que le daba un presente y se había escondido tras ella.

—No hay de qué joven, muchas gracias por tener tan contento a nuestro muchacho. ¿Mi marido mi dijo que necesitaba una opinión sobre un pastel?— Theo saludó a Bill y después los guió a la mesa.

— Bill me dijo que esos panqués eran los preferidos de Nabil y le pedí a una repostera que conozco que hiciera un pastel para él inspirado en ese sabor ¿lo probaría por mi? Quiero saber si esto le gustará— la mujer asintió y Theo le presentó a la chica. Esta a su vez mandó a buscar el pastel muestra y la mujer lo probó, le sorprendió que tuviese un sabor tan similar sin perder su toque de pastel.

Adele conversó con la joven repostera acerca de los gustos de Nabil y Theo confirmó lo que ya sabía. Nabil era un hombre de cosas dulces.

Theo llevó a la pareja a cenar y aunque Bill era un hombre reservado consiguió bastante más información de los gustos de Nabil de la cariñosa Adele, por suerte aún tenía su toque con las mujeres. Cuando cerca de las diez de la noche los estaba enviando ya cansados a su casa, detuvo un momento a Bill.

—Escuche Bill, yo estoy planeando todo esto pero creo que ya notó que es un secreto— El hombre asintió— La cuestión es... Nabil no me ha pedido salir ese día y creo que ambos sabemos que no lo hará— Bill volvió a asentir.


—Nabil es tímido con cosas como cumpleaños aniversarios o fechas especiales— por ejemplo Nabil jamás intentaba celebrar su cumpleaños, él no quería imponerle a los demás aquella clase de cosas.

Theo asintió y se humedeció los labios intentando encontrar una forma de continuar.

—La cosa es, si yo lo invito, él quizá sospeche lo que pretendo. Usted es su chófer y sé que debe tener planes con su esposa... solo me preguntaba...— Theo no sabía como pedirle que lo ayudara cuando era tan obvio que tenía una pareja a la que amaba a la que seguramente quería dedicarle su propio tiempo.

—Descuide— le cortó Bill— Adele y yo somos mayores, Nabil nos regaló entradas para la ópera y una reservación en un precioso restaurante. No somos tan jóvenes como para celebrar todo el día. Aunque creo que usted tiene todo un día planeado— El tono de Bill titubeó— Supongo que quiere que le ayude a reunirse con el joven— Bill jugó con sus manos— Yo podría decirle que Adele quiere que vaya a comer a casa para agradecerle el gesto, el jamás le dice que no a Adele. Podría llevarlo a donde usted me indique.

Theo sonrió ampliamente.

—Bill, hay un lugar especial en el cielo para personas como usted— le aseguró tomándolo por los hombros con afecto.

Bill rodó los ojos.

—Ociosos sin nada mejor que hacer seguramente. Deme la dirección y la hora y lo llevaré para usted señor, sólo...— Bill se quedó callado.

Theo se preocupó por el repentino silencio.

—¿Qué ocurre Bill?— indagó.

—No lo lastime señor, es un niño sin suerte en cosas del corazón, quiero creer que usted llegó a darle un poco de alegría. Tuve la suerte de que Adele entrara en mi vida y se quedara. No sé mucho de estas cosas modernas de hombres con hombres pero si es cuestión de amor espero que sea tan increíble como el que mi Adele me regaló a mi— habló humildemente, sabiendo que quizá escuchar esas cosas de un viejo como él era algo molesto, pero lo tenía que decir.

—No hay otra cosa que desee más que hacer a Nabil feliz, Bill. Confié en mí, le prometo que no lo defraudaré.

Bill asintió en silencio y entró al auto con su esposa, Theo los vio marcharse y la joven repostera se paró a su lado.


—Theo, no llevamos mucho tiempo de conocernos, pero nunca te había visto tan entusiasmado— sonrió encantada.

Theo se rió por lo bajo y negó mirando el suelo.

—Te equivocas Sasha— la pequeña y bonita mujer levantó la mirada.

—¿Es normal para ti esforzarte tanto por una celebración de san Valentín?— preguntó curiosa, con una de esas expresiones de dulce niña inocente que le salían tan natural.

—No, pero me refiero a ti y a mí, nos conocemos desde que comenzaste a salir con Arturo, esos son dos años ya— la mujer se llevó la mano a los labios pensativa.

—Es cierto, en realidad ese no es poco tiempo ¿verdad?

Theo se encogió de hombros suspirando y viendo al cielo. No, no era poco tiempo y en esos dos años quizá había salido con unas cuatro personas más, ninguna duraba demasiado ni estaba solo mucho tiempo, una cena en un lugar romántico y caro, con algún regalo de diamantes y todo era un éxito, era la primera vez que sentía que eso no era suficiente.


—Sí que estoy entusiasmado ¿no?— preguntó divertido mientras daba vuelta para entrar de nuevo a la pastelería y la chica lo siguió con una risita burlona.



—Pareces un adolescente.