martes, 25 de abril de 2017

+Money - Capítulo 8


Capítulo 8




Nabil abrió lentamente los ojos y suspiró al sentir la mano grande en su cabello. Ronroneó en un suspiro y escuchó la suave risa junto a su oído y después unos labios fríos rozando su mejilla.



—Me voy ahora Nabil, tengo que trabajar, no te levantes, te llamare más tarde ¿ok?— Nabil abrió pesadamente los ojos y se quedó embelesado con el atractivo rostro de Theo tan cerca del suyo. 

Nabil hizo una especie de sonido afirmativo sin abrir los labios y cerró los ojos cuando Theo besó su mejilla.

—Descansa, pequeño genio— Nabil le vio salir de la habitación y se arremolinó en su cama, borracho de felicidad. Suspiró hondo y relajado volvió a quedarse dormido.

Theo salió con el mejor humor del mundo del departamento directo al elevador, sentía aquel edificio ya tan familiar. Cuando las puertas volvieron a abrirse su chófer ya estaba esperándolo y le saludó con una sonrisa.


—Buenos días Arturo— caminó hacia él con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo.

—Parece inusualmente feliz esta mañana, señor— Arturo lucía fresco y tenía una sonrisa casi burlona.

—Es el amor, Arturo – soltó Theo sin ningún tipo de vergüenza.

Arturo se rió y negó bajando la cabeza sin poder creer que hubiese dicho eso.

—Jamás esperé verlo así jefe, pero recuerdo mis primeros meses con mi novia, caminaba entre nubes— Theo llegó a su altura.

—Estoy muy por encima de las nubes, Arturo— le aseguró y escuchó un carraspeo a su lado, Theo volvió la mirada notando por primera vez al chofer de Nabil que hasta ese momento había estado fuera de su rango de visión parado junto al auto de su amante justo tras uno de los pilares del estacionamiento— Buenos días— le saludó educadamente dejando la conversación con su propio conductor y el anciano inclinó la cabeza respetuosamente.

—Buenos días señor, espero que tenga un buen día— le deseó y Theo notó que se había ganado al sujeto, cosa curiosa.

—Cuide a Nabil, Bill— le sonrió cuando Arturo le abrió la puerta del auto y entró— Se lo encargo – agregó desde el interior del auto antes de que este arrancara. Bill sonrió un poco, eso de un hombre estando junto a otro hombre había sido algo difícil de asimilar al principio pero finalmente había decidido que no era su trasero y no era su asunto, por lo que ahora genuinamente se alegraba de que su jefe hubiese conseguido al fin un amante de verdad.

Bill dirigió su mirada extrañada al elevador, en un gesto de confusión. Y es que solo había algo que lo confundía, ambos amantes parecían encantados, embobados para ser más claro, el uno con el otro, entonces... ¿por que seguían viéndose en aquel penthouse?



En su auto, Theo comenzó a revisar su agenda, San Valentín estaba a tres días, un miércoles, mitad de semana, pero él ya había hecho arreglos para trabajar como esclavo esa mañana, tener la noche libre y el día siguiente también, al menos hasta medio día.

—Arturo ¿qué noticias tiene tu prometida sobre el pastel que necesito?— le preguntó.

Arturo levantó la mirada un segundo, observando por el retrovisor antes de contestar.

—De hecho estaba por mencionarle el asunto, ella preparó un pastel de muestra para usted. Si quiere que tenga uno listo para el miércoles en la tarde tiene que ir a probarlo hoy, jefe.

Theo asintió y se quedó pensativo varios segundos. Después de pensarlo bien guardó su celular y su agenda electrónica en su abrigo y le dio unas palmaditas al asiento del copiloto frente a él.

—Da vuelta en donde puedas, tenemos que regresar al departamento de Nabil— ordenó apresuradamente, observando la calle en la que se encontraban— ahí adelante hay un retorno. Da la vuelta.

Arturo obedeció notoriamente confundido.

—¿Qué sucede jefe? Va a llegar tarde al trabajo— su jefe, aun saliendo con Nabil, era siempre puntual. Nunca hacía referencia a ello ni lo apresuraba para llegar a tiempo, pero a la fecha jamás había llegado tarde a ninguna de sus citas de trabajo, Arturo solo había asumido que para Theo, la puntualidad era importante.

—Vamos Arturo, soy el dueño de la compañía, nadie va a despedirme por llegar media hora tarde— renegó ligeramente ansioso.

Arturo frunció el ceño y le vio por el retrovisor.


—Señor, hemos conducido casi diez minutos, me tomará otros diez volver y otros diez regresar a este punto, quizá le parece poco pero solo con eso el tráfico nos retrasará más de una hora.

Theo rodó los ojos y le vio amenazante.

—Obedece Arturo, no soy tan mal jefe como para despedirte, pero si mi cita se arruina por que no volvimos a tiempo le diré a tu romántica novia que arruinaste mi cita perfecta con mi amante, no espera, no con mi amante, con "el amor de mi vida", eso sonara más dramático— le aseguró y Arturo pasó duro.

—Usted no se atrevería, ella no me hablaría por una semana entera— Theo se cruzó de brazos y se echó atrás recargando la espalda en el costoso asiento de piel de su auto.

—Conduce— le ordenó tajantemente.



Arturo no dijo nada más y condujo sin chistar de vuelta al edificio de Nabil, cuando se estacionaron junto al auto de este, Theo suspiró aliviado al ver que Bill aún estaba ahí. Contento, bajó del auto y se acercó al hombre con una sonrisa.

—Bill, no sabe qué gusto me da encontrarlo todavía aquí— el anciano frunció las cejas y le dedicó un asentimiento a modo de saludo antes de hablar.

—¿Por qué me busca, señor?— cuestionó intrigado y enseguida añadió— ¿Puedo hacer algo por usted? – preguntó solícito.

Theo sonrió ampliamente y asintió con una expresión juguetona.

—En realidad si, Bill. Me gustaría que me acompañara a un sitio esta tarde ¿es posible que me acompañe?— pidió con una enorme sonrisa.

El viejo chófer arqueó las cejas y parpadeó dos veces preguntándose si había escuchado bien.

—¿Quiere que YO lo acompañe a un sitio?— intentó asegurarse de que no había escuchado erróneamente.

—Así es Bill, me gustaría que usted me acompañara a un sitio ¿tiene tiempo esta tarde? En verdad se lo agradecería mucho— casi le rogó.

El anciano asintió.

—Claro... desde luego que puedo, pero ¿para qué me necesita?— El anciano en verdad no podía imaginar cómo podía un hombre como Theo necesitar algo de él.

El joven y rubio billonario se humedeció los labios antes de continuar.

—Bueno... verá, San Valentín está a la vuelta de la esquina y no quería darle solo una predecible caja de chocolates a Nabil, los panecillos que me dio la última vez me llegaron caídos del cielo, mandé a hacer un pastel inspirado en ese pastelillo y me preguntaba si podría probarlo y decirme si es la clase de dulce que a Nabil le gustaría— le explicó y el anciano parpadeó varias veces.

—¿Usted mandó a hacer un pastel de San Valentín para el joven?— habló lentamente. Él jamás había visto a Nabil festejar San Valentín. Bueno, era un hombre que salía con hombres, así que quizá inconscientemente pensaba que era normal no celebrar aquella clase de fechas cursis pero... si lo pensaba bien... Nabil era la clase de chico que lloraría de felicidad por un gesto así, siempre se ponía sentimental cuando su esposa le horneaba pastel el día de su cumpleaños— Claro... yo puedo ir, pero...— se lo pensó, el quizá no era el más adecuado para eso.



—¿Pero...?— inquirió Theo preocupado.

—Bueno, quizá sería mejor si llevo a mi esposa, ella es la que siempre hace dulces para el joven Nabil y es quien conoce mejor sus gustos— propuso humildemente.

Theo sonrió encantado.

—¡Perfecto! ¿Ella es quien horneó los panecillos que me llevó?— preguntó y vio al hombre asentir— Entonces perfecto, enviaré a mi chofer por ustedes. ¿A dónde debería recogerlos?— preguntó y esperó a que el anciano sacara un papel y un bolígrafo del auto de Nabil y le escribiera una dirección. Bajo esta también escribió un número.

—Es mi número telefónico, si hay algo en lo que pueda ayudarle en el futuro no dude en llamar señor— le aseguró. Si ese hombre hacía feliz a Nabil él estaba más que satisfecho de ayudarlo a seguir haciéndolo.

—Lo aprecio mucho, Bill— Vio la dirección – mi auto pasara a recogerlos sobre las seis de la tarde ¿le parece bien?— esperó su aprobación.

El hombre accedió. Desde que estaba con Theo, si Nabil no tenía una cita con éste él estaba libre después de llevar a Nabil a su verdadero departamento, si acaso había que hacer alguna compra para él, se tomaba unos minutos más en ir al supermercado más cercano y su día de trabajo terminaba.

—Lo estaré esperando.



Theo se retiró después de despedirse de Bill, y tal y como su empleado le había dicho, llegó más de una hora tarde, pero nadie se quejó, no cuando el magnate estaba de tan buen humor y tan eficiente, era simplemente perfecto.




2 comentarios:

  1. Gracias...... Me encantó el capítulo....Y esta bien romántico

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  2. Gracias por el capítulo y las ilustraciones!!! Besos

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