martes, 14 de febrero de 2017

Especial San Valentín / +Money


Capítulo 1

Nabil firmó un cheque por un par de miles de dólares y lo extendió al amante con el que había jodido hacia menos de diez minutos. El apuesto modelo estaba ya vestido ¡sí que era rápido!


-Gracias Nabil, te lo pagaré- le prometió y Nabil le sonrió, algunos prometían pagar, otros no hacían mención al respecto, aunque finalmente ninguno devolvía el dinero.


-No te preocupes por ello- apreciaba que al menos intentara disimular el interés por su dinero.


-Tengo que irme pero te llamaré ¿está bien?- Nabil se quitó las gafas redondas y las colocó en el buró junto a su chequera.


No recordaba cuando había comenzado a dejarla ahí, en algún punto extender cheques después del sexo había comenzado a ser normal para él.


-Estaré esperando- Sonrió aunque sabía que el chico no llamaría, era fácil saberlo porque Henry, el modelo con el que se acababa de acostar, jamás le había pedido su número. Suspiró cuando lo vio salir. Bueno ¿qué más daba? había sido buen sexo con un hombre muy sexy, no es que tuviese mucho que hacer con su dinero.


Se levantó y se dio un baño, luego se vistió. Aquel departamento era solo una fachada, no vivía ahí, pero jamás podría llevar a ninguno de los sujetos que lo abordaba a su departamento o su casa, imposible.


Nabil bajó perezosamente hasta el estacionamiento donde su chófer, el viejo Bill, lo esperaba.


-Gracias por esperar, Bill- el hombre le vio mal.


-Usted, Señor, debería dejar de salir con esos rufianes, no hacen más que aprovecharse- Nabil sonrió subiendo a la parte trasera del auto cuando Bill le abrió la puerta.


-Vamos, no me regañes y llévame a casa, Adele debe estar esperándote- Adele, la muy amada esposa de Bill, era el ama de llaves de su casa. Aunque él pasaba la mayor parte del tiempo en su departamento Bill y Adele se encargaban de que su casa estuviese siempre perfecta, ellos siempre lo esperaban aunque él apenas pasaba allí una o dos veces al mes. Era una casa demasiado grande para una sola persona, se sentía más cómodo en su departamento.


El departamento de Nabil era completamente diferente al elegante penthouse al que llevaba a sus amantes, era más pequeño, moderno, de impecables paredes blancas y artículos de colección por todos lados. Ya en la entrada te recibía un Darth Vader tamaño real con el casco usado en la última película, desgraciadamente no había podido conseguir el original o el chaleco de Han Solo de las primeras películas, pero sí que había conseguido uno de los sables de utilería usados en la cinta, sonrió emocionado como cada vez que entraba a su hogar y se sacó la chaqueta. Fue por un vaso de agua a la cocina y se observó en el metal pulido del refrigerador, un hombre entrado en los treinta, con el rojizo cabello alborotado y las gafas redondeadas, un rostro sin nada especial y un cuerpo delgado sin mucho chiste. Suspiró, debía ser muy imbécil para creer que alguno de los impresionantes hombres que lo llevaban a la cama estaban interesados en algo más que su chequera. Él ni siquiera usaba una chequera en primer lugar, todas sus transacciones eran electrónicas. El tenía la chequera exclusivamente para estar en el buró junto a la cama de su pethouse.


En su casa había un pequeño frigorífico en forma de R2-D2 que le llevó una cerveza en cuanto se sentó en su sillón de Shield, colocó los pies en su mesita de centro de pacman y encendió el televisión en el estante en forma de PSP, su casa entera estaba llena de cosas que le gustaban, desde su cama dentro de una cabina telefónica, hasta sus estantes con forma de caminos y cajas de Super Mario. Estando ahí todo su mundo tomaba su sitio, desgraciadamente él no había conocido aún a nadie que estuviese interesado en esa parte de su vida y sinceramente dudaba que alguien como él pudiese encontrar a quien soportara tanta rareza.


Esa noche Nabil cenó tranquilamente un tazón de cereal y se echó a dormir una siesta, no le costó conciliar el sueño, gracias al ejercicio se sentía relajado y desestresado. Cerca de las dos de la mañana se levantó con un ataque de inspiración y se puso a trabajar. No se quitó ese viejo pijama durante los siguientes tres días en los que se ocupó sin parar en el videojuego en el que llevaba meses trabajando. Al cuarto día se permitió tomar una ducha y comer otra cosa aparte de cereal con leche. Esta vez se tomó el tiempo de prepararse una sopa instantánea, no era sorpresa que estuviese tan delgado y ojeroso la mayor parte del tiempo. Nadie que lo viera en su viejo pijama despeinado, con aquellos círculos bajo los ojos y medio dormido podría pensar que aquel hombre generaba millones de dólares al año.


Dos semanas después de su último acostón estaba algo frustrado y necesitado de atención física nuevamente. Por suerte ese día había un evento en la compañía con la que estaba asociado y para la que hacia la mayoría de sus trabajos. Tal vez podría encontrar a alguien con quien descargar el peso del trabajo de los últimos días, le encantaba su trabajo, en verdad que lo amaba, pero la tensión se acumulaba y sentía un especial alivio en el sexo.


Esa noche Nabil se vistió con un traje gris que le hiciera parecer un poco menos delgado de lo que en verdad era, no había mucho que pudiese hacer para mejorar su apariencia, no era un hombre guapo y sentía que si intentara parecerlo resultaría aún más patético de lo que ya era, así que se conformaba con vestir buena ropa y medio peinar su cabello. Usaba unas gafas enormes por que le resultaba molesto ver hacia abajo, arriba o a los lados y encontrarse con el borde del vidrio, las grandes le parecían más cómodas y ya que de cualquier manera nadie se acostaría con él por su "hermoso rostro" prefería mantener la comodidad de éstas. Cuando llegó a la fiesta las presentaciones ya habían pasado así que se encontró de lleno en la parte social. Pero aunque era alguien quien había llegado a no importarle pagar por sexo, lo cierto es que también era alguien que no se atrevía a ofrecerlo, por lo que en aquellas reuniones se limitaba a caminar por ahí con su pequeña e insignificante apariencia en la espera de que alguien se acercara, a veces sucedía, otras no, sabía bien que la mayoría de los que se le acercaban eran modelos del mismo círculo que sabían les daría lo que pidieran así que en eventos como aquel las posibilidades se reducían un poco, la mayoría de los asistentes eran empresarios y si había alguien ajeno a ello que pudiese interesarse en él seguramente ya estaría colgado de algún otro millonario.


-Buenas noches ¿Cómo lo esta pasando?- Nabil estaba tan perdido en sus pensamientos que se había quedado absorto en un postre de durazno y nata jugando con una cucharita, la voz masculina lo sacó de su ensoñación y cuando sus ojos se encontraron con el rostro de su interlocutor simplemente se quedó hecho un imbécil. Abrió los labios pero las palabras no le salieron, balbuceó alguna cosa que no supo que fue y debió verse aún más estúpido de lo que creía porque su hermoso interlocutor sonrió aún más, con el encanto de un maldito ángel-¿Nabil? ¿Nabil como el programador de Ward en The Haven?- preguntó con tal encanto que Nabil apenas y fue consciente de que el mismo se acababa de presentar.


-Si... si soy yo- sentía las mejillas ardiendo, aunque normalmente era tímido, no recordaba haberse sentido tan fascinado por alguien antes. Aquel hombre tenía un hermoso y lacio cabello rubio, un flequillo caía elegantemente de lado sobre su frente y sus ojos parecían tan azules y limpios como el cielo en un día soleado. Oh, dios... ¡y cuando sonreía! Tenía los dientes más blancos y perfectos y aquel par de hoyuelos. Se iba a derretir ahí mismo con una sonrisa- Perdón ¿qué?- Dios, había hablado y él se había quedado idiotizado viendo su sonrisa sin prestar atención a sus palabras.


El hombre le vio sorprendido y sonrió divertido al notar que no le había estado prestando atención- Dije que puedes llamarme Theo- sonrió nuevamente y él le regresó el gesto algo avergonzado. Sorprendentemente fue capaz de llevar una conversación medianamente normal, lo que se limitaba a aquel sueño andante haciéndole preguntas y él balbuceando respuestas.


-¿Qué le hizo querer dedicarse a esto?- le preguntó y Nabil parpadeó un par de veces, no le preguntaban eso desde que era un novato y ésta no era una entrevista de trabajo.


-Bueno... a mí me gusta trabajar con mi computadora, siempre ha sido así, no soy muy bueno socializando y- se le enredó la lengua- y... me gusta crear cosas que pueda llamar mías y... los demás puedan disfrutar- se le había secado la boca de nuevo y volvió a beber de su copa. No había tomado más de una pero aun así ya se sentía embriagado. Hablaron varios minutos más y cuando Nabil vio a los lados buscando una copa más, Theo lo interpretó erróneamente.


-Disculpe, creo que lo he acaparado mucho tiempo, la fiesta está por terminar, lo dejaré marchar por ahora- Nabil volvió la mirada de inmediato a él. ¡No! no quería que se fuera. Contra todas sus reglas terminó extendiendo la mano, sujetando el brazo ajeno cuando su dueño se preparaba para marcharse.


-¡No lo haga!- dijo quizá algo emocionado y Theo le vio curioso.


-¿Que no haga qué?- preguntó con una sonrisa comprensiva y Nabil pasó duro.


-No me deje marchar... mejor... mejor venga conmigo...- Theo se giró hacia él y dio un paso adelante quedando tan cerca que podía sentir su calor.


-¿Y a dónde quiere que vaya con usted, Nabil?- le preguntó y su voz sonó tan seductora que a Nabil le temblaron las piernas.


-A... mi departamento... ven conmigo a mi departamento...- ¡waaah! ¿De verdad lo había dicho? ¿Acababa de invitar a aquel hombre a ir con él?


Theo le sonrió y se inclinó hacia él, tanto que pudo percibir su aliento a menta y licor.


-Muéstrame el camino, pequeña caja de sorpresas...







3 comentarios:

  1. ¡Feliz San Valentín!
    Gracias por el capi Vampire, Daniel!!!
    Lu Malandro

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  2. Mil gracias Lexus, Vampire, esta historia engancha desde el inicio, besos yfelizdia

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  3. Muchísimas gracias por el. Capitulo... Me encantó... Y Feliz día de la amistad

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