martes, 30 de mayo de 2017

+Money - Capítulo 11


Capítulo 11

La mañana de San Valentín Nabil se colocó una playera negra hasta la cintura, el estampado eran cuadros de vivos colores que simulaba la caída de las piezas del tetris y sobre ella una sudadera blanca que se cerraba hasta por encima de su cabeza simulando la parte el casco de un Storm Trooper. Llevaba sus gafas rojas y el cabello algo alborotado, unos jeans desgastados y sus botines de piel y agujetas favoritos. Estaba desanimado, no es que comer con Adele y Bill no le agradara; era sólo que Theo no lo había llamado, él tampoco lo había hecho, no quería abrumarlo con todo aquel asunto de San Valentín dando vueltas. Pero muy en el fondo, muy, muy en el fondo había esperado que quizá Theo le llamara, que lo invitara a salir. Pero Theo jamás lo llamaba... era siempre él quién lo buscaba.

-¿Me estoy volviendo demasiado exigente?- se preguntó al espejo.


Lo que él recibía de sus amantes de paso era una o dos jodidas y bonitas palabras. Theo era diferente, llevaban ya casi tres meses viéndose y Theo era tan encantador, actuaba como si fuesen una pareja de verdad. Quizá se había dejado llevar, debía recordar que él y Theo no eran una pareja de enamorados, ellos eran sólo un par de hombres con una relación de interés mutuo. A Theo le gustaban sus regalos y a él... a él le gustaba Theo. Si tan solo fuera más guapo, si tan solo fuera un poco más divertido, un poco más normal, quizá... quizá entonces Theo lo habría invitado a salir.

El timbre del intercomunicador sonó y Nabil abrió la puerta después de ver a través de la pantalla de intercomunicación que era Bill.

-¡Estoy listo! disculpa por hacerte venir a buscarme, iré por mi cartera- le sonrió.

Bill no entró al departamento, le habló desde afuera, su jefe era un genio pero de verdad aún era un niño adicto a los juguetes, tenía tantas cosas en ese departamento.

-No se preocupe, yo fui quien insistió en venir por usted, luce bien ¿es una sudadera nueva?- preguntó cuando Nabil volvió a la puerta.

-Acaba de llegarme esta semana ¿no es genial?- preguntó.

A Bill el diseño le pareció vagamente familiar pero no logró ubicarlo y solamente asintió.

-Es muy bonita- respondió preguntándose si no debería haberlo engañado para hacerle creer que era algo un poco más formal. Lo había visto salir con ese muchacho que le gustaba tanto, siempre usaba esa ropa tan elegante pero como creía que estaría con ellos había elegido prendas que le gustaban más. En realidad quizá era mejor así, ése era el Nabil de verdad, si ese muchacho Theo hablaba con sinceridad, estaría contento de verlo también así.

-Gracias- sonrió intentando animarse- ¿Qué hay en el menú? Todo lo que Adele hace es delicioso, muero por probarlo- habló intentando sonar animado y no era tan difícil, era cierto que amaba la comida de Adele.

-Es... es una sorpresa- dudó Bill, él verdad no era muy buen mentiroso, jamás lo había sido- Incluye los dulces que le gustan- agregó y el nerviosismo increíblemente no se le notó.

Nabil vio por la ventana y como cualquier otro día sacó una consola del bolsillo de su pantalón y lo encendió, había estado pensando en un nuevo diseño de batería, quizá ahora que estaba desocupado pudiese trabajar en ello. La idea se fue rápidamente de su cabeza y comenzó a jugar sin prestar atención a su alrededor. Sin que se diera cuenta pasaron casi cuarenta minutos en el tráfico y para cuando el coche se estacionó y Nabil prestó atención ya estaban en un estacionamiento subterráneo.

-¿En dónde estamos?- preguntó curioso cuando Bill le abrió la puerta, metiendo el juego en su bolsillo de nuevo- ¿Comeremos en un restaurante? Creí que Adele cocinaría...- notó que quizá habían querido tener un detalle especial con él- No es que me moleste- sonrió enseguida y Bill le devolvió la sonrisa guiándolo al ascensor.

-Queríamos darle un bonito regalo de San Valentín- le aseguró y Nabil se enterneció siguiéndolo. Se preguntó curioso qué clase de lugar sería y se sorprendió cuando salió y solamente vio un par de puertas. Eso era extraño.

-¿Qué clase de lugar es?- volvió a preguntar pero Bill ya no le respondió, tocó el intercomunicador de una de las puertas, aquellos parecían departamentos ¿Por que habían ido a departamentos?

Nabil estaba por bombardear a Bill de preguntas cuando la puerta se abrió y Bill le dejó pasar primero. Adentro estaba oscuro ¿era parte de su sorpresa?

-Espero que tenga un buen día, joven Nabil- le deseó Bill y cerró la puerta. Nabil se sobresaltó y quiso volver pero ya con la puerta cerrada notó que había luz al final del pequeño pasillo de entrada. Caminó cuidadosamente y parpadeó varias veces al ver el hermoso departamento a oscuras, repleto de velas y el aroma a rosas y dulce. Se quedó quieto, anonadado y sorprendido y se giró preguntándose cuando entraría Bill.

-Él no va a entrar, esto es solo para ti y para mi- Nabil se sobresaltó al escuchar la voz conocida y buscó a su dueño en el lugar de donde venía la luz. Ahí estaba Theo con un traje azul marino a medida, a media luz lucía como una aparición, alguna clase de ángel moderno enfundado en Armani.


-Te... Te... Theo- tartamudeó y cuando notó que lo miraba de arriba abajo recordó lo que llevaba puesto y se avergonzó cruzándose de brazos.

Theo en cambio sonrió encantado parándose a medio metro de él.

-¿Así que así es como vistes normalmente? En verdad te arreglas para verme ¿verdad?- preguntó con tono dulce.

Nabil sentía que moriría de vergüenza en cualquier momento.

-Me alegra tanto, eso quiere decir que soy especial para ti ¿no es de esa forma?- preguntó acariciando los desordenados cabellos rojos que en esos momentos se le antojaban tan sensuales.

Nabil escuchó la pregunta y levantó la mirada rápidamente, "¿Especial?" claro... alguien como él que iba haciendo regalos por sexo no debía ser de fiar.

-Eres el único Theo- le aseguró, a pesar de que ya se lo había dicho cuando habían decidido hacerse los análisis, no quería que Theo lo dudara por nada del mundo.

-También tu lo eres, Nabil- y la voz a Theo le salió con aquel dejo de emoción - Eres el único- le prometió.

Era una desgracia que sus palabras tuvieran significados tan diferentes, aunque Nabil quería decirle que nadie más entraba en su cama, Theo estaba confesando que era el único en su corazón.


Nabil sonrió aliviado, la mano de Theo en su mejilla le hizo cerrar los ojos, no podía creer que Theo estuviese ahí. Cayó en cuenta entonces de la realidad.

-¿En dónde estamos?- preguntó abriendo los ojos y viendo a su alrededor, la bonita sala estaba llena de flores y velas- Son... son muchas flores.

-No sé cuáles son tus favoritas y Adele dice que te van bien las rosas.... Pero como no estaba seguro pedí al menos una flor de cada tipo y terminó en estos jarrones- sonrió y Nabil parpadeó varias veces sintiendo que le escocían los ojos y se le inundaban de lagrimas.

-Oh Theo...- Theo lo abrazó y besó sus mejillas, suavemente, como el aleteo de una mariposa en los pétalos de una rosa.

-Shhhhh- le consoló acariciando su nuca con las yemas de sus dedos, sintiendo su calor y por un segundo una calidez inundo su corazón, una tranquilidad invadió su cuerpo y el tiempo pareció detenerse para permitirle sentirlo. Theo y Nabil habían tenido sexo muchas veces... pero era la primera vez que Theo lo sentía tan suyo, era la primera vez que sentía que podía tocar su alma y que podía estar así, solo sintiendo su calor, embriagándose con el sutil aroma de su shampoo, de su piel.

-¿Hiciste esto para mí?- Nabil preguntó a media voz, su frente estaba contra el pecho ajeno y movió la cabeza como un gatito que quiere llenar con su aroma a su nuevo humano.

-Bueno, en realidad es más un regalo para ambos- Le aclaró y suavemente lo separo de él- Ven al comedor- pidió tomando su mano y guiándolo por el departamento hasta el área de la estancia donde la cena los esperaba.

Theo retiró la silla y Nabil se sentó sintiéndose tímido, el rubor en sus mejillas no era efecto de las velas. Su corazón era un alegre y emocionado festival de tambores en su pecho, interpretando las más locas y extrañas canciones de amor.

-Está.... está delicioso- expresó emotivamente y con una enorme sonrisa tras el primer bocado- Theo sentado frente a él estaba orgulloso de sí mismo, observó a Nabil comer cada platillo con emoción, deleitándose con sus rostros de aprobación cada vez que tomaba un trozo.

Llevaban una hora de cómodo casi silencio cuando Nabil terminó el último plato antes del postre. El pelirrojo levantó el rostro y con la más hermosa expresión de afecto observó a Theo con los ojos llenos de felicidad. La visión casi estalla el enamorado corazón de Theo.

-Gracias Theo- susurró casi sin aire, parecía que lloraría en cualquier momento.

Theo se levantó y caminó hacia él, afuera aún era de día pero con las ventanas selladas ahí dentro parecía de noche.

-¿Por qué me agradeces?- preguntó parándose a su lado y agachándose lo suficiente para besar su mejilla, con un roce tierno que terminó cuando sus cabezas estuvieron juntas, frente contra frente- Todo esto, me hace más feliz a mí que a ti, te lo aseguro- argumentó- Tengo el postre en la otra habitación ¿quieres venir conmigo?-preguntó bajito, a esa distancia no era necesario alzar la voz y su mirada en la ajena casi parecía hablar por sí misma.


-Sí, llévame- le pidió en un suspiro, Theo tomó su mano y lo levantó llevándolo a la habitación a través de un pasillo. Lo que encontró al abrir la puerta fue la alcoba con el mismo tipo de decoración que el resto de la casa, velas y flores, la cama en medio de la habitación era enorme. Y no solo la cama, la habitación por sí misma era grande, en lo que parecía una pequeña sala de estar; en la mesita de centro estaba un bonito pastel blanco en forma de corazón con una rosa de glaseado sobre él y varios tipos de dulces en platos pequeños.

El programador estaba impactado viendo todo el lugar cuando la sensación de ser rodeado por la cintura lo estremeció.

-Theo... Theo, de verdad que no sé qué decir...- murmuró y el rubio le dio un beso casto en el cuello, inundando de su agradable calor la espalda de Nabil.

-No tienes que decir nada Nabil, me encanta charlar contigo pero quizá hoy podríamos solo disfrutar de este tiempo juntos- Nabil se giró en sus brazos y le rodeó el cuello con la expresión de felicidad más radiante que Theo jamás había visto en él hasta ahora.

-Eres lo mejor que me ha pasado Theo... lo mejor...





sábado, 13 de mayo de 2017

Cinderella Boy's Escape I


Capítulo 1


La noche había caído. En el Palacio el príncipe Maximilian caminaba por los pasillos hastiado, su padre era un fastidio, seguía con el discurso de que era tiempo de que se casara. Primero muerto y enterrado ¡que se casara Miles! su hermano menor podía fácilmente complacer a su padre en un futuro, ni siquiera podía imaginar tener que atarse de por vida a alguna dulce princesa, de verdad iba a terminar matándolo solo de amargura. Abrió bruscamente la puerta de su habitación y se encontró con una sombra delgada marcada por la luz de la luna que entraba por la ventana, estaba de perfil y se sobresaltó por el estruendo de la puerta a pesar de que parecía estar a punto de saltar por la ventana.

—¿Quién está ahí?— las velas no estaban encendidas, toda la habitación estaba a oscuras como le gustaba, pero gracias a eso no podía ver bien al intruso.

—Buenas noches mi Príncipe— la voz sonaba joven y algo  burlona, parecía tener algo que le cubría parte de la cara y el cabello debía ser claro pero no podía distinguir si era castaño o rubio—Tomaré esto prestado— mostrándole una pequeña bolsa con monedas de oro—Espero que no le importe.

Desya se permitió el tono burlón y curvear una sonrisa, el príncipe LeRose frunció el ceño aumentando solo el fastidio que ya tenía al entrar a la habitación.

—¿Cómo lograste llegar hasta mi habitación, escoria ladrona?— preguntó cruzándose de brazos, parecía realmente no importarle demasiado la pequeña bolsa de monedas de oro que el ladrón le había mostrado. Aunque para cualquiera en el pueblo aquella era una fortuna que jamás tendrían junta en toda su vida, para el príncipe era una simple miseria.

—Un buen mago nunca revela sus trucos, mi estimado príncipe— le respondió, sabía que debía saltar y marcharse de ahí, pero de alguna manera sentía que si se giraba para ver afuera  estaría perdido.

—Un mago callejero sin duda ¿has entrado a mi castillo y te conformas con esa miseria?— Desya apretó la bolsa en su mano, para él eso era más que suficiente, incluso habiendo pertenecido a la nobleza la diferencia con el príncipe era como la del mar y el cielo. Podían verse muy similares pero no estaban ni siquiera cerca de ser iguales.

Diciéndose que no debía pensar en ello Desya se limitó a soltar una risita y pararse en el borde de la ventana, sin darle la espalda a su interlocutor.

—Me alivia escuchar sus palabras príncipe, si esto es para usted solo una miseria, no hay necesidad de devolverlo ¿verdad?— le preguntó con voz calmada y jovial, ladeando el rostro con un gesto infantil y travieso. No dejaría que nadie notara lo que aquella situación le desagradaba.

El príncipe soltó un bufido y sonrió de medio lado ante la respuesta.

—Adelante, intenta llevártelo— descruzó los brazos y levantó el rostro en un gesto de arrogancia, su mal humor parecía haberse desvanecido como por arte de magia. Desya tuvo un mal presentimiento, las nubes cubrieron la luna en ese momento y con solo el instinto de su lado se giró para lanzarse por el balcón, el príncipe corrió hacia él y cuando iba a dejarse caer tras subir a la baranda, el príncipe tomó su tobillo jalando con fuerza y lanzándolo al suelo. El cuerpo de Desya cayó sin ningún cuidado, como un costal de papas en una bodega, quedando desubicado y adolorido.


Desya intentó levantarse pero el arrogante príncipe lo estampó contra el suelo con más fuerza, las nubes se movieron en ese instante y la luz de la luna entró por la ventana permitiéndole apreciar los cabellos al parecer castaños y un par de ojos azules como záfiros, las facciones finas pero masculinas… sin saber por qué, su corazón comenzó a latir fuertemente

— ¿Eso es todo lo que tienes?— preguntó en un susurro, con burla, con arrogancia mientras lo sometía en el suelo.

 Maximilian examinó emocionado la presa bajo su cuerpo, aquel era justo el tipo de desestrés que necesitaba.  Paseó la mirada por el rostro semicubierto por una máscara y la camisa negra, de tela aspera, ropa de plebeyo. La luz opaca que entraba por la ventana no lo dejaba ver bien del todo.
—¿Cómo es el ladrón bajo la máscara? Me pregunto qué clase de cara encontrare aquí— habló mientras intentaba someterlo con una mano para tener la otra libre. Desya aprovechó el movimiento para intentar soltarse.

Estaban forcejeando desesperación contra decisión. Rodaron por el suelo y los candelabros fueron a dar al suelo haciendo un ruido estrepitoso.

Tan concentrados el uno en el otro no notaron el ruido de los guardias acercándose, alarmados por el sonido de cosas cayendo en la habitación del príncipe.

—Príncipe ¿se encuentra bien?—  Maximilian no contestó, estaba luchando contra aquella rata, forcejeando por arrebatarle la máscara. Los guardias insistieron y finalmente empujaron la puerta rompiendo la cerradura. La luz entró fuerte desde los altos y luminosos candeleros del pasillo y Maximilian que estaba sobre Desya tuvo que parpadear para acostumbrarse. El rubio aprovechó el momento y se zafó del agarre casi arrastrándose al balcón.

—Ya nos veremos en otra ocasión príncipe— le gritó al tiempo que recogía rápidamente la bolsa de monedas que había ido a dar al suelo y saltaba por la ventana sin ningún cuidado, presa de la adrenalina.

Maximilian se levantó tan rápido como pudo reaccionar y corrió a la ventana pero solo pudo ver como una sombra ágil se movía casi imperceptiblemente entre las ramas hasta perderse en el bosque que estaba junto al Palacio, justo en el momento en que los incompetentes soldados irrumpían en su habitación.

— ¡¿Con qué derecho entran así a mi habitación?!— estaba enfadado consigo mismo por dejar escapar a aquel ladronzuelo y los pobres guardias terminaron pagando su mal humor.

Desya volvió a su casa aquella noche; mallugado y golpeado; alterado, emocionado y a la vez sintiendo que toda su moral se había ido al garete. Pero por encima de todo sin poder sacar de su cabeza el rostro a media luz del príncipe,  no lograba que la adrenalina generada por el forcejeo con él disminuyera en lo mas mínimo.

Solo en su habitación contempló la bolsa de moneras, eran 20 monedas de oro, separó cinco, le daría quince a su madre y guardaría las otras cinco por si era necesario. Suspiró sabiendo que aquel era dinero mal habido pero si lo usaba bien esperaba no tener que pasar por aquello nunca más.
Desya guardó su botín bajo una de las tablas flojas del suelo de su habitación, donde también escondía el diario de adolescente de su padre. El que había encontrado cuando él mismo había llegado a la adolescencia y había buscado un lugar para esconder alguna cosa de su madre.

Paso una semana entera antes de que la madre de Desya se terminara la pequeña fortuna que había conseguido para ella.

—Muy bien Desya, muy bien— le felicitó la tarde que mandó a llamarlo— Hiciste un buen trabajo antes, algo pobre pero viniendo de ti es casi un milagro— habló y le lanzó la bolsa vacía de monedas a los pies— Rellénala— le indicó.

—No es un vaso de agua, madre— le repuso entre dientes y la mujer golpeó contra el suelo sus nuevos y hermosos zapatos hechos a medida mientras apretaba los puños a sus costados.

—No me contestes así, chiquillo insolente— gritó— Después de la miseria que nos has traído ¿pretendes que sea suficiente?

Ciertamente Desya no lo había esperado pero tampoco había esperado que su madre gastara la pequeña fortuna tan rápido.

—Para ti…— continuó su madre haciendo un ademán hacia él, como si señalara algo desagradable que quisiera quitar de su vista— Sin ambición ni clase parecerá una fortuna pero lo que nos trajiste son apenas miserias. Obedece y trae al menos una carga igual.

Desya abrió los ojos ¿que decía su madre? ¿Una carga igual? Ya había sido un milagro que el príncipe tuviese aquella bolsa de monedas en su habitación, era la única habitación a la que tenía acceso fácil. Pero después del último robo, ¿cuál era la posibilidad de que una semana después hubiese una bolsa igual esperándolo?

—¿Qué haces ahí parado como un retrasado todavía? Recoge eso y lárgate. Espero que tengas el dinero para mañana.

Desya se quedó de pie e impotente en medio de la sala, despacio y temblando de ira recogió la bolsa de cuero del suelo.

—Si, madre— Fue su simple respuesta y se preguntó cuánto más podría seguir dándola.

Desya se infiltró esa misma noche al castillo nuevamente, justo como lo había hecho la primera vez. Según decía el diario de su padre, él y el rey actual habían sido compañeros de juegos de niños y amigos de adolescentes. Cuando el rey aún era príncipe y ocupaba la habitación del actual, éste le había mostrado a su padre un pasadizo que llevaba desde un pozo entrado en el bosque hasta aquella habitación. Era la salida que ocupaban para escaparse del antiguo rey e irse a nadar al lago, visitar bares, enamorar mujeres o simplemente ir a montar a caballo.

Cuando estuvo frente al lugar que daba a la pared falsa del príncipe, movió una piedra floja y revisó si había alguien en la habitación, cuando estuvo seguro de que no la había salió con cuidado de dejar la pared en su sitio. Si tenía suerte podría salir por ahí sin altercados como la última vez, había sido algo bueno que en aquella ocasión hubiese decidido tomar la precaución de cubrir su rostro y esperaba que ahora fuese una medida innecesaria que estaba repitiendo.


La habitación estaba a oscuras como la última vez y sólo por si acaso lo primero que revisó fue el cajón del que había sacado la bolsa de monedas la vez anterior. Lo abrió lentamente y escuchó un click e inmediatamente después el sonido del cañón de un arma disparándose. Se alarmó y se separó rápidamente del mueble. Estaba por correr de vuelta a la puerta falsa cuando una voz desde el balcón lo alertó de detenerse.

—Así que entras por la puerta y no desde el balcón ¿eh?— Desya vio la figura del príncipe recargada en el marco— Adelante, toma la bolsa del cajón, es la misma cantidad que la última vez— le indicó haciéndole una seña con la cabeza hacia el hermoso mueble tallado en olmo.

Desya dio un paso atrás y de reojo vio una bolsa en el cajón pero se negó a acercarse y caer en alguna trampa de aquel maldito.

—Adelante, puedes tomarla, no hay ningún truco en eso— Rodó los ojos con fastidio.

—¿Por qué debería confiar en ti?— preguntó frunciendo el ceño.

—Porque a diferencia de una escoria ladrona, la palabra de un príncipe vale, rata escurridiza— le respondió ofendido siquiera por la duda.

El príncipe gruñó y se enderezo descruzando sus brazos y caminando al mueble sacando la bolsa y lanzándola a Desya, que la tomó por reflejo sin saber qué demonios pasaba ahí.

—Toma, eres lo más divertido que me ha pasado últimamente así que te propongo un juego— Desya no quitó la mirada del príncipe por mucho que quisiera comprobar el contenido de la bolsa, estaba alerta, sentía que si se descuidaba un solo instante sería presa fácil para aquel sujeto.

—No soy el juguete de nadie— replicó apretando la bolsa y preguntándose si podría correr hacia la ventana lo suficientemente rápido como para que no lo alcanzara. Pero el príncipe estaba más cerca del balcón, quizá si lo hacía moverse…

—Oh, pero eres un ladrón ambicioso como cualquiera. Si aceptas jugar conmigo te dejaré ir hoy y no sólo eso— El príncipe comenzó a caminar hacia Desya y éste a alejarse intentando cambiar de posiciones y ser él quien quedara más cerca de la que había sido su salida provisional.

—¿Si? ¿Qué más?— le siguió la corriente, dibujando un semicírculo con sus pasos, él y Maximilian parecían un par de leones midiendo su fuerza antes de lanzar la primera mordida, aunque él en realidad se preparaba para escapar.

—Dejaré una bolsa igual cada semana en ese cajón— agregó.

La afirmación captó por completo la atención de Desya y detuvo su huir por un segundo, completamente desconcertado.

—¿Cómo?— qué demonios tenía aquel príncipe en el cerebro ¿arena?

—Lo que oyes ladronzuelo, dejaré una bolsa aquí cada semana, ese será el juego, si tu escapas ganas y puedes quedarte la bolsa, no te perseguiré, si te atrapo, entonces yo gano.

—Tu ganas ¿y entonces qué?— preguntó desconfiado, más interesado en llegar a la ventana y saltar que realmente en escuchar su respuesta.

Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios del príncipe. Le dedicó una lenta mirada desde los pies hasta el anticuado antifaz de tela que el ladrón usaba.


—Entonces serás mío…



miércoles, 3 de mayo de 2017

+money -Capítulo 10


Capítulo 10

El día acordado Theo esperó a que Nabil lo recogiera para llevarlo a tomar sus muestras de sangre como habían acordado, el laboratorio al que Theo les indicó ir era uno de aquellos lugares que parecían sacados de un comercial de televisión, hermosas instalaciones y todo parecía tecnología de última generación, desde las puertas hasta las pantallas ultra delgadas, atención profesional y pistolas para recoger las muestras.



—¿Nervioso?— preguntó Theo tomando su mano mientras esperaban.



Nabil le sonrió y se sonrojó.



—Un poco, pero no tiene que ver con la muestra en sí— aclaró y bajó la mirada, Theo buscó su rostro.






—¿Por qué no me dices entonces qué es lo que te pone nervioso?— preguntó con el mismo tono calmado y suave que se usa con un niño asustado.



—Solo… nosotros... yo…nunca había llegado a tener algo tan… bueno...— Nabil no sabía como explicarlo, aunque Theo había propuesto ser exclusivos tampoco quería verse tan crédulo y patético como para creer que eso se trataba de amor.



—¿Serio?— preguntó Theo y Nabil se encogió de hombros, no queriendo exponerse. Aunque Theo lo tomó como un signo de timidez por el progreso de su relación.






Levantó la mano que sostenía y la llevo a sus labios.



—No tienes que preocuparte de nada Nabil, podemos hacernos los análisis ya que estamos aquí, pero iremos al ritmo que te sientas cómodo ¿está bien?— pregunto dulce y amablemente.



Nabil levantó la mirada y sus ojos estaban llenos de adoración, tuvo que morderse la lengua para no soltar un “Te amo” en aquellos momentos… Dios…de verdad estaba enamorado de ese hombre.






—No me dejes nunca Theo… te daré todo de mi…— prometió y Theo sonrió pegando su frente a la ajena y besó con calma una mejilla pecosa y después la otra.



—No lo haré tontuelo ¿por qué estaríamos aquí si pensara hacerlo? –ya pensaba recordarle después esa promesa, cuando no estuviesen en un lugar público.



Aunque estaban justamente en público y eso detenía a Theo de hacer el amor ahí mismo con su pelirrojo pecoso, eso no lo detenía para buscar aquella boquita deliciosa y bebérselo lentamente hasta dejarlo mareado.



Una enfermera les llamó para anunciar que era el turno de Nabil y después vino el de Theo. Cuando pagaron por los análisis les entregaron un sobre sellado con una copia de su recibo y una clave para revisar sus resultados en internet, aunque aun tendrían que pasar a recogerlos si los necesitaban para fines legales.



Ese día, después de los análisis, Theo llevó a Nabil a comer a un bonito restaurante en medio del parque central en una segunda planta con balcones repletos de flores, Theo desde luego reservó uno de esos para ellos dos. Pasaron casi dos horas hablando, ellos en realidad se entendían muy bien.



—Me gustan esa clase de pantallas como paredes, son muy útiles en espacios creativos de oficina, si trabajara en una querría una de esas— sonrió Nabil, hablando de un nuevo sistema, a simple vista parecían vidrios normales, pero estos se oscurecían ante una orden de voz y eran en realidad pantallas inteligentes que podían ser usadas para presentaciones o pizarrones interactivos, desde luego Theo tenía aquella maravilla instalada en el edificio aunque para ser francos, había sido su predecesor el que las había instalado en las áreas de desarrollo creativo y juntas. Theo estaba por mencionar ese asunto cuando Nabil prosiguió— Por cierto ¿has visto el diseño final del personaje inspirado en tu imagen?



Theo lo había visto, de hecho le habían enviado una copia de los bocetos y él había solicitado que de ser posible le enviaran el original firmado por el equipo de diseño. Lo había enmarcado y colgado en su oficina. Aquello era algo que compartía con Nabil, así que era importante. Sin embargo, viendo la emoción en los ojos de Nabil, negó, se notaba que el chico quería darle la noticia él mismo.



—No, en realidad no ¿lo recibiste tu?— Claro, si él los había recibido Nabil también, era obvio, pero fingió.



—Así es ¿quieres verlo?— preguntó emocionado y Theo se inclinó hacia él cuando Nabil sacó su celular del bolsillo de su chaqueta.



Theo asintió.



—Muéstrame— le animó con una sonrisa y vio a Nabil desbloquear su celular con un simple desliz, eso le gustó, era símbolo de un chico que no tenía nada que esconder. Aunque sonrió cuando colocó una clave para abrir el archivo en el que tenía almacenados los bocetos.



—Mira— le dio el teléfono emocionado, Theo observó los bocetos del diseño del personaje y finalmente la imagen a color con el resultado final.






—Bueno, tienes que admitir que gracias a mí ahora tienes a este chico tan guapo— bromeó y Nabil sonrió en respuesta, adoraba cuando sentía que lo hacía feliz.



—Bueno, eso es algo que no puedo negar— respondió— Sólo es una lástima que no tenga esos dos lunares bajo el ojo, me encantan tus lunares.



El simple comentario acaloró las mejillas de Theo, era estúpido, a menudo recibía halagos de su atractivo. Bastantes de Nabil, de hecho. Pero era la primera vez que uno de ellos lo sonrojaba, quizá por lo personal e íntimo que había sonado.



—¿Dije algo malo?— preguntó Nabil al notar que Theo se había quedado distraído y que de repente parecía algo acalorado— ¿Estás bien?— indagó y Theo sólo le sonrió.



—Sí, creo que acabo de tomarle un gusto especial a mis lunares— confesó y Nabil sonrió como si le hubiese dicho una broma. Probablemente creyendo que el mismo Theo bromeaba respecto al asunto.






—Me cuesta creer que puedas tomarle más gusto a tu apariencia de lo que ya le tienes ¿son en tu familia todos tan apuestos?— preguntó inocentemente y Theo suspiró.



—Depende de la opinión supongo— se encogió de hombros— Si me preguntas mi opinión, mi favorito es mi cuñado— Nabil sonrió.



—Te llevas bien con él— Theo se rió.



—Sí, es un excelente amigo, te lo presentaré en otra ocasión, casi siempre está ocupado con la tienda que le dejó su mamá. En fin, no hablemos de eso – No tenía ganas de hablar de Gael cuando estaba en su tiempo con Nabil, aunque pensando en tiempos, recordó que hacía ya bastante que debería haber regresado a la oficina. Miró su reloj, el que Nabil le había regalado— Yo estoy retrasado mi geniecillo ¿te importa si me adelanto?— preguntó preocupado. No quería dejarlo ahí.



—Para nada ¿quieres que le pida a Bill que te lleve a donde necesitas ir? Yo tengo algunas compras que hacer así que puede venir después por mí— Nabil sabía que a Bill no le gustaban sus amantes pero no creía que llegase a ser grosero con Theo.



Theo se lo pensó y pensando que podía aprovechar para ultimar detalles con Bill aceptó la propuesta.



Nabil le pidió a Bill que llevara a Theo sin preguntar a dónde iba, no quería ser invasivo ni entrometido. Theo no sabía que aquel simple gesto, tan simple como aceptar un favor de su pareja había reafirmado la impresión que Nabil tenía de él, a Theo le resultaba cómodo tomar las pequeñas ventajas que salir con él incluían en su estilo de vida. Nabil tenía tan arraigada la idea en su cabeza que aunque había notado que Theo había estado encantado de usar su auto y su chófer, no había reparado en que había sido Theo quien pagara por los análisis de ambos y la comida que acaban de compartir.




Ajeno a eso, Theo solo se sentía afortunado de poder hablar con Bill y arreglar todo para el día siguiente sin levantar sospechas.













jueves, 27 de abril de 2017

+money -Capítulo 9


Capítulo 9



Adele y Bill salieron de la bonita casa residencial, la encantadora mujer, delgada y de cabello ya casi gris en su totalidad, caminaba derecha igual que su marido pero se notaba nerviosa.

—Bill ¿estás seguro de esto? – preguntó la mujer— esto... ¿no es inmiscuirse demasiado?— preguntó.

—¿Qué quieres que te diga mujer? Ese muchacho me pidió un favor y la verdad yo no supe qué más decirle.

—Claro, qué mejor solución que lanzar a tu hermosa esposa por delante— le reclamó con un bufido y después se alisó la blusa por décima vez— ¿Cómo me veo?— consultó por también décima vez.

—Tu blusa está perfecta, mujer. Ya tranquilízate, solo vas a comer pastel— la regañó aunque se removía incómodo sobre sus pies. Aún estaba hablando cuando el auto de Theo se estacionó frente a ellos y el joven chófer de éste salió para abrirles la puerta— Esto es de lo más extraño— murmuró Bill, normalmente era él quien abría puertas.


Bill dejó que su esposa entrara primero después de que el jovenzuelo se presentara como Arturo y les anunciara que estaba ahí por ellos, pese a que Bill lo reconocía como el conductor de Theo y también al auto. Viajaron en silencio por casi cuarenta minutos a través del tráfico hasta una bonita pastelería en el centro de la ciudad.

—Vaya— exclamó la mujer nada más bajar al notar la adorable pastelería, aquel lugar era una explosión de hadas, flores, princesas y dulces, como un cuento de hadas sobre chocolate— Qué... adorable— el sitio estaba lleno de mujeres jóvenes y parejas. Era una de esas pastelerías con área de comedor, una especie de adorable cafetería incluida. En el fondo, estaba Theo sentado con una preciosa y joven mujer, de cabello rubio, muy claro, piel blanca, mejillas rojas y unos enormes ojos negros. Tenía una adorable cara de duendecillo, con la nariz respingona y una boca pequeña.


Theo se levantó al verlos entrar y se acercó con una enorme sonrisa.

—Los esperaba— tomó la mano de Adele— Usted debe ser la esposa de Bill, un placer conocerla, gracias por los panecillos de la última vez, estaban delicioso— y dejó un beso en sus nudillos.

La mujer se llevó una mano a la mejilla sonriendo y vio de reojo a su marido. Así que el muy cobarde no había tenido el valor de decirle a aquel joven que le daba un presente y se había escondido tras ella.

—No hay de qué joven, muchas gracias por tener tan contento a nuestro muchacho. ¿Mi marido mi dijo que necesitaba una opinión sobre un pastel?— Theo saludó a Bill y después los guió a la mesa.

— Bill me dijo que esos panqués eran los preferidos de Nabil y le pedí a una repostera que conozco que hiciera un pastel para él inspirado en ese sabor ¿lo probaría por mi? Quiero saber si esto le gustará— la mujer asintió y Theo le presentó a la chica. Esta a su vez mandó a buscar el pastel muestra y la mujer lo probó, le sorprendió que tuviese un sabor tan similar sin perder su toque de pastel.

Adele conversó con la joven repostera acerca de los gustos de Nabil y Theo confirmó lo que ya sabía. Nabil era un hombre de cosas dulces.

Theo llevó a la pareja a cenar y aunque Bill era un hombre reservado consiguió bastante más información de los gustos de Nabil de la cariñosa Adele, por suerte aún tenía su toque con las mujeres. Cuando cerca de las diez de la noche los estaba enviando ya cansados a su casa, detuvo un momento a Bill.

—Escuche Bill, yo estoy planeando todo esto pero creo que ya notó que es un secreto— El hombre asintió— La cuestión es... Nabil no me ha pedido salir ese día y creo que ambos sabemos que no lo hará— Bill volvió a asentir.


—Nabil es tímido con cosas como cumpleaños aniversarios o fechas especiales— por ejemplo Nabil jamás intentaba celebrar su cumpleaños, él no quería imponerle a los demás aquella clase de cosas.

Theo asintió y se humedeció los labios intentando encontrar una forma de continuar.

—La cosa es, si yo lo invito, él quizá sospeche lo que pretendo. Usted es su chófer y sé que debe tener planes con su esposa... solo me preguntaba...— Theo no sabía como pedirle que lo ayudara cuando era tan obvio que tenía una pareja a la que amaba a la que seguramente quería dedicarle su propio tiempo.

—Descuide— le cortó Bill— Adele y yo somos mayores, Nabil nos regaló entradas para la ópera y una reservación en un precioso restaurante. No somos tan jóvenes como para celebrar todo el día. Aunque creo que usted tiene todo un día planeado— El tono de Bill titubeó— Supongo que quiere que le ayude a reunirse con el joven— Bill jugó con sus manos— Yo podría decirle que Adele quiere que vaya a comer a casa para agradecerle el gesto, el jamás le dice que no a Adele. Podría llevarlo a donde usted me indique.

Theo sonrió ampliamente.

—Bill, hay un lugar especial en el cielo para personas como usted— le aseguró tomándolo por los hombros con afecto.

Bill rodó los ojos.

—Ociosos sin nada mejor que hacer seguramente. Deme la dirección y la hora y lo llevaré para usted señor, sólo...— Bill se quedó callado.

Theo se preocupó por el repentino silencio.

—¿Qué ocurre Bill?— indagó.

—No lo lastime señor, es un niño sin suerte en cosas del corazón, quiero creer que usted llegó a darle un poco de alegría. Tuve la suerte de que Adele entrara en mi vida y se quedara. No sé mucho de estas cosas modernas de hombres con hombres pero si es cuestión de amor espero que sea tan increíble como el que mi Adele me regaló a mi— habló humildemente, sabiendo que quizá escuchar esas cosas de un viejo como él era algo molesto, pero lo tenía que decir.

—No hay otra cosa que desee más que hacer a Nabil feliz, Bill. Confié en mí, le prometo que no lo defraudaré.

Bill asintió en silencio y entró al auto con su esposa, Theo los vio marcharse y la joven repostera se paró a su lado.


—Theo, no llevamos mucho tiempo de conocernos, pero nunca te había visto tan entusiasmado— sonrió encantada.

Theo se rió por lo bajo y negó mirando el suelo.

—Te equivocas Sasha— la pequeña y bonita mujer levantó la mirada.

—¿Es normal para ti esforzarte tanto por una celebración de san Valentín?— preguntó curiosa, con una de esas expresiones de dulce niña inocente que le salían tan natural.

—No, pero me refiero a ti y a mí, nos conocemos desde que comenzaste a salir con Arturo, esos son dos años ya— la mujer se llevó la mano a los labios pensativa.

—Es cierto, en realidad ese no es poco tiempo ¿verdad?

Theo se encogió de hombros suspirando y viendo al cielo. No, no era poco tiempo y en esos dos años quizá había salido con unas cuatro personas más, ninguna duraba demasiado ni estaba solo mucho tiempo, una cena en un lugar romántico y caro, con algún regalo de diamantes y todo era un éxito, era la primera vez que sentía que eso no era suficiente.


—Sí que estoy entusiasmado ¿no?— preguntó divertido mientras daba vuelta para entrar de nuevo a la pastelería y la chica lo siguió con una risita burlona.



—Pareces un adolescente.





martes, 25 de abril de 2017

+Money - Capítulo 8


Capítulo 8




Nabil abrió lentamente los ojos y suspiró al sentir la mano grande en su cabello. Ronroneó en un suspiro y escuchó la suave risa junto a su oído y después unos labios fríos rozando su mejilla.



—Me voy ahora Nabil, tengo que trabajar, no te levantes, te llamare más tarde ¿ok?— Nabil abrió pesadamente los ojos y se quedó embelesado con el atractivo rostro de Theo tan cerca del suyo. 

Nabil hizo una especie de sonido afirmativo sin abrir los labios y cerró los ojos cuando Theo besó su mejilla.

—Descansa, pequeño genio— Nabil le vio salir de la habitación y se arremolinó en su cama, borracho de felicidad. Suspiró hondo y relajado volvió a quedarse dormido.

Theo salió con el mejor humor del mundo del departamento directo al elevador, sentía aquel edificio ya tan familiar. Cuando las puertas volvieron a abrirse su chófer ya estaba esperándolo y le saludó con una sonrisa.


—Buenos días Arturo— caminó hacia él con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo.

—Parece inusualmente feliz esta mañana, señor— Arturo lucía fresco y tenía una sonrisa casi burlona.

—Es el amor, Arturo – soltó Theo sin ningún tipo de vergüenza.

Arturo se rió y negó bajando la cabeza sin poder creer que hubiese dicho eso.

—Jamás esperé verlo así jefe, pero recuerdo mis primeros meses con mi novia, caminaba entre nubes— Theo llegó a su altura.

—Estoy muy por encima de las nubes, Arturo— le aseguró y escuchó un carraspeo a su lado, Theo volvió la mirada notando por primera vez al chofer de Nabil que hasta ese momento había estado fuera de su rango de visión parado junto al auto de su amante justo tras uno de los pilares del estacionamiento— Buenos días— le saludó educadamente dejando la conversación con su propio conductor y el anciano inclinó la cabeza respetuosamente.

—Buenos días señor, espero que tenga un buen día— le deseó y Theo notó que se había ganado al sujeto, cosa curiosa.

—Cuide a Nabil, Bill— le sonrió cuando Arturo le abrió la puerta del auto y entró— Se lo encargo – agregó desde el interior del auto antes de que este arrancara. Bill sonrió un poco, eso de un hombre estando junto a otro hombre había sido algo difícil de asimilar al principio pero finalmente había decidido que no era su trasero y no era su asunto, por lo que ahora genuinamente se alegraba de que su jefe hubiese conseguido al fin un amante de verdad.

Bill dirigió su mirada extrañada al elevador, en un gesto de confusión. Y es que solo había algo que lo confundía, ambos amantes parecían encantados, embobados para ser más claro, el uno con el otro, entonces... ¿por que seguían viéndose en aquel penthouse?



En su auto, Theo comenzó a revisar su agenda, San Valentín estaba a tres días, un miércoles, mitad de semana, pero él ya había hecho arreglos para trabajar como esclavo esa mañana, tener la noche libre y el día siguiente también, al menos hasta medio día.

—Arturo ¿qué noticias tiene tu prometida sobre el pastel que necesito?— le preguntó.

Arturo levantó la mirada un segundo, observando por el retrovisor antes de contestar.

—De hecho estaba por mencionarle el asunto, ella preparó un pastel de muestra para usted. Si quiere que tenga uno listo para el miércoles en la tarde tiene que ir a probarlo hoy, jefe.

Theo asintió y se quedó pensativo varios segundos. Después de pensarlo bien guardó su celular y su agenda electrónica en su abrigo y le dio unas palmaditas al asiento del copiloto frente a él.

—Da vuelta en donde puedas, tenemos que regresar al departamento de Nabil— ordenó apresuradamente, observando la calle en la que se encontraban— ahí adelante hay un retorno. Da la vuelta.

Arturo obedeció notoriamente confundido.

—¿Qué sucede jefe? Va a llegar tarde al trabajo— su jefe, aun saliendo con Nabil, era siempre puntual. Nunca hacía referencia a ello ni lo apresuraba para llegar a tiempo, pero a la fecha jamás había llegado tarde a ninguna de sus citas de trabajo, Arturo solo había asumido que para Theo, la puntualidad era importante.

—Vamos Arturo, soy el dueño de la compañía, nadie va a despedirme por llegar media hora tarde— renegó ligeramente ansioso.

Arturo frunció el ceño y le vio por el retrovisor.


—Señor, hemos conducido casi diez minutos, me tomará otros diez volver y otros diez regresar a este punto, quizá le parece poco pero solo con eso el tráfico nos retrasará más de una hora.

Theo rodó los ojos y le vio amenazante.

—Obedece Arturo, no soy tan mal jefe como para despedirte, pero si mi cita se arruina por que no volvimos a tiempo le diré a tu romántica novia que arruinaste mi cita perfecta con mi amante, no espera, no con mi amante, con "el amor de mi vida", eso sonara más dramático— le aseguró y Arturo pasó duro.

—Usted no se atrevería, ella no me hablaría por una semana entera— Theo se cruzó de brazos y se echó atrás recargando la espalda en el costoso asiento de piel de su auto.

—Conduce— le ordenó tajantemente.



Arturo no dijo nada más y condujo sin chistar de vuelta al edificio de Nabil, cuando se estacionaron junto al auto de este, Theo suspiró aliviado al ver que Bill aún estaba ahí. Contento, bajó del auto y se acercó al hombre con una sonrisa.

—Bill, no sabe qué gusto me da encontrarlo todavía aquí— el anciano frunció las cejas y le dedicó un asentimiento a modo de saludo antes de hablar.

—¿Por qué me busca, señor?— cuestionó intrigado y enseguida añadió— ¿Puedo hacer algo por usted? – preguntó solícito.

Theo sonrió ampliamente y asintió con una expresión juguetona.

—En realidad si, Bill. Me gustaría que me acompañara a un sitio esta tarde ¿es posible que me acompañe?— pidió con una enorme sonrisa.

El viejo chófer arqueó las cejas y parpadeó dos veces preguntándose si había escuchado bien.

—¿Quiere que YO lo acompañe a un sitio?— intentó asegurarse de que no había escuchado erróneamente.

—Así es Bill, me gustaría que usted me acompañara a un sitio ¿tiene tiempo esta tarde? En verdad se lo agradecería mucho— casi le rogó.

El anciano asintió.

—Claro... desde luego que puedo, pero ¿para qué me necesita?— El anciano en verdad no podía imaginar cómo podía un hombre como Theo necesitar algo de él.

El joven y rubio billonario se humedeció los labios antes de continuar.

—Bueno... verá, San Valentín está a la vuelta de la esquina y no quería darle solo una predecible caja de chocolates a Nabil, los panecillos que me dio la última vez me llegaron caídos del cielo, mandé a hacer un pastel inspirado en ese pastelillo y me preguntaba si podría probarlo y decirme si es la clase de dulce que a Nabil le gustaría— le explicó y el anciano parpadeó varias veces.

—¿Usted mandó a hacer un pastel de San Valentín para el joven?— habló lentamente. Él jamás había visto a Nabil festejar San Valentín. Bueno, era un hombre que salía con hombres, así que quizá inconscientemente pensaba que era normal no celebrar aquella clase de fechas cursis pero... si lo pensaba bien... Nabil era la clase de chico que lloraría de felicidad por un gesto así, siempre se ponía sentimental cuando su esposa le horneaba pastel el día de su cumpleaños— Claro... yo puedo ir, pero...— se lo pensó, el quizá no era el más adecuado para eso.



—¿Pero...?— inquirió Theo preocupado.

—Bueno, quizá sería mejor si llevo a mi esposa, ella es la que siempre hace dulces para el joven Nabil y es quien conoce mejor sus gustos— propuso humildemente.

Theo sonrió encantado.

—¡Perfecto! ¿Ella es quien horneó los panecillos que me llevó?— preguntó y vio al hombre asentir— Entonces perfecto, enviaré a mi chofer por ustedes. ¿A dónde debería recogerlos?— preguntó y esperó a que el anciano sacara un papel y un bolígrafo del auto de Nabil y le escribiera una dirección. Bajo esta también escribió un número.

—Es mi número telefónico, si hay algo en lo que pueda ayudarle en el futuro no dude en llamar señor— le aseguró. Si ese hombre hacía feliz a Nabil él estaba más que satisfecho de ayudarlo a seguir haciéndolo.

—Lo aprecio mucho, Bill— Vio la dirección – mi auto pasara a recogerlos sobre las seis de la tarde ¿le parece bien?— esperó su aprobación.

El hombre accedió. Desde que estaba con Theo, si Nabil no tenía una cita con éste él estaba libre después de llevar a Nabil a su verdadero departamento, si acaso había que hacer alguna compra para él, se tomaba unos minutos más en ir al supermercado más cercano y su día de trabajo terminaba.

—Lo estaré esperando.



Theo se retiró después de despedirse de Bill, y tal y como su empleado le había dicho, llegó más de una hora tarde, pero nadie se quejó, no cuando el magnate estaba de tan buen humor y tan eficiente, era simplemente perfecto.